La encuesta de la SEP sobre el uso de la IA en estudiantes y profesores revela con claridad que la inteligencia artificial ya es parte estructural de la educación superior en México. No se trata de una herramienta marginal ni experimental: los datos muestran una adopción masiva que obliga a reflexionar con seriedad sobre sus implicaciones académicas, éticas y formativas. Analizar la encuesta de la SEP sobre el uso de la IA en estudiantes y profesores no significa preguntarse si la tecnología debe permitirse, sino comprender cómo está transformando la manera en que se estudia, se enseña y se produce conocimiento en las universidades mexicanas.
Los datos duros: lo que realmente está ocurriendo en las aulas mexicanas
Uso generalizado entre estudiantes y docentes
De acuerdo con los resultados difundidos por la Secretaría de Educación Pública y reportados por medios nacionales, el 77% de los estudiantes universitarios en México utiliza herramientas de inteligencia artificial para producir textos académicos. Asimismo, el 78% de los docentes encuestados reconoce emplear IA para redactar o apoyar actividades relacionadas con su labor académica (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2026; La Jornada, 2026).
Este porcentaje rompe cualquier narrativa que presente a la IA como un fenómeno aislado. Estamos ante una tecnología normalizada dentro del ecosistema universitario.
Alcance de la muestra
La encuesta nacional tuvo más de 1.5 millones de respuestas válidas de estudiantes y cerca de 170 mil docentes. Esto representa aproximadamente 30% del universo estudiantil y 35% del profesorado en educación superior, lo cual otorga una base estadística robusta al estudio (SEP, 2026).
Uso ocasional casi universal
Nueve de cada diez estudiantes y docentes han utilizado al menos una vez herramientas de IA generativa para actividades académicas (La Jornada, 2026). Es decir, la experiencia con esta tecnología no es marginal ni experimental; es casi universal.
Desconocimiento normativo
Un dato especialmente relevante es que el 71.3% de los estudiantes y el 71.8% de los docentes señalan no conocer si su institución cuenta con lineamientos formales sobre el uso de inteligencia artificial (La Jornada, 2026). Esta cifra pone en evidencia una brecha institucional importante entre adopción tecnológica y gobernanza académica.
Normalización tecnológica: un cambio estructural
Del uso incidental al uso cotidiano
Hace apenas tres años, la IA generativa era una curiosidad tecnológica. Hoy es una herramienta integrada en procesos cotidianos de escritura, síntesis, lluvia de ideas y organización de información.
La educación superior enfrenta un fenómeno de normalización tecnológica: cuando una herramienta alcanza niveles masivos de adopción, deja de ser optativa y se convierte en un componente del entorno.
La pregunta correcta ya no es si se debe prohibir, sino cómo comprender sus efectos cognitivos y pedagógicos.
Implicaciones éticas en el ámbito universitario
Autoría y responsabilidad intelectual
El uso extendido de IA obliga a redefinir la noción de autoría. Cuando un estudiante utiliza IA para estructurar un texto, ¿quién es el autor? La ética académica exige transparencia.
La UNESCO (2023) ha señalado que el uso de inteligencia artificial en educación debe basarse en principios de responsabilidad, transparencia y supervisión humana.
Dependencia tecnológica
Un riesgo evidente es la dependencia cognitiva. Si la IA sustituye procesos de reflexión profunda, análisis y síntesis personal, el aprendizaje puede empobrecerse.
La encuesta de la SEP no solo revela uso masivo, sino la necesidad de acompañar ese uso con formación crítica.
Dimensión pedagógica: transformación del aprendizaje
Del producto final al proceso de aprendizaje
El modelo tradicional de evaluación se centra en el producto final: ensayo, examen o reporte. Sin embargo, cuando la IA puede generar textos coherentes en segundos, la evaluación basada únicamente en el resultado pierde sentido.
Esto no implica que el aprendizaje desaparezca; implica que debe transformarse hacia el análisis del proceso, la comprensión y la capacidad de argumentación.
La IA como herramienta de apoyo, no sustitución
La inteligencia artificial puede:
- Facilitar comprensión de conceptos complejos.
- Ayudar en la organización de ideas.
- Ofrecer ejemplos y explicaciones alternativas.
Pero no puede sustituir la experiencia humana, la discusión académica ni la reflexión crítica profunda.
Brecha institucional: ausencia de lineamientos claros
El dato más preocupante no es el uso de la IA, sino el desconocimiento normativo. Si más del 70% de la comunidad universitaria no sabe si existen reglas, la gobernanza tecnológica está rezagada frente a la adopción.
La OECD (2023) advierte que las instituciones educativas deben integrar marcos claros que orienten el uso de IA sin frenar la innovación.
Alfabetización en inteligencia artificial
Comprender cómo funciona la tecnología
La alfabetización en IA implica entender:
- Qué es un modelo generativo.
- Cómo se entrenan los algoritmos.
- Qué son los sesgos.
- Qué limitaciones tiene la información generada.
Sin esta comprensión, la herramienta puede ser sobrevalorada o mal utilizada.
Impacto emocional y uso no académico
Un dato llamativo de la encuesta es que alrededor del 10% de estudiantes y 9% de docentes utiliza IA como apoyo emocional o conversacional (La Jornada, 2026). Este hallazgo abre un campo de reflexión adicional: la IA no solo es académica, también se inserta en dimensiones afectivas y de acompañamiento.
Esto plantea interrogantes éticos sobre la sustitución de interacción humana por interacción algorítmica.
Comparación internacional
A nivel global, estudios recientes muestran tendencias similares en adopción universitaria de IA generativa (OECD, 2023). México no es una excepción; forma parte de un fenómeno global que redefine la educación superior.
Universidad Loyola de América ante el contexto nacional
La información proporcionada por la SEP debe interpretarse como una oportunidad para la reflexión académica profunda. La Universidad Loyola de América, en su compromiso con la formación integral, puede asumir un liderazgo reflexivo, promoviendo cultura digital responsable y pensamiento crítico frente a la tecnología.
Conclusión
La encuesta de la SEP sobre el uso de la IA en estudiantes y profesores confirma que la inteligencia artificial ya forma parte del tejido académico en México. Con un 77% de estudiantes y 78% de docentes utilizándola, la discusión dejó de ser teórica.
El reto no es prohibir ni romantizar la tecnología. Es formar una comunidad universitaria capaz de usarla con ética, criterio y profundidad intelectual. La educación superior enfrenta un momento de transición histórica: integrar la innovación tecnológica sin renunciar al rigor académico.
La inteligencia artificial no reemplaza la educación; la obliga a transformarse.
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